Abilio Padrón, vida dibujada

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Lo reportaron las redes: Abilio Padrón, quien desarrolló una larga trayectoria como pintor, dibujante, ilustrador y caricaturista, falleció en Caracas el domingo 8 de marzo de 2026, a los 95 años de edad. Esta entrevista con él fue realizada el 3/5/2015 durante la feria del libro que organiza la Alcaldía de Chacao en Plaza Altamira. Fue publicada, en ese tiempo, una versión reducida en el periódico TalCual. Aquí se reproduce completo el diálogo con quien fue, durante mucho tiempo, caricaturista de varios medios impresos pero, sobre todo, artista plástico en toda la extensión del término. Dicen que estuvo comprometido ―al menos ideológicamente― con el chavismo pero que después se dio cuenta de todo. En fin, quien esté libre de culpa, que arroje la primera piedra

Sebastián de la Nuez

Nació en la parroquia de San José e hizo su bachillerato en el liceo Fermín Toro. Es el venezolano que conoció en París, justo en la época del Mayo 68, a dos colegas caricaturistas franceses que habrían de ser asesinados en la masacre de la redacción del semanario Charlie Hebdo, en enero de 2015.

Durante su bachillerato, solía no presentar exámenes a final de curso porque su desempeño así se lo permitía; tenía la facilidad de aprenderse las cosas al caletre. Sin embargo, al estudiante Padrón se le creó un conflicto en quinto año: irse por las matemáticas, en Ciencias, o por las letras, e y era Humanidades. El problema era que no tenía ninguna vocación clara. Finalmente estudió Ciencias pero al terminar no sabía qué carrera elegir. ¿Ingeniería, veterinaria? Tenía un gran amigo y era el arquitecto Enrique Hernández (autor, entre otras cosas, del pabellón venezolano en la Feria de Sevilla de 1992; hizo el edificio del Banco del Libro, entre otros, en Caracas), quien se graduó junto a él de bachiller. ««Y tú qué vas a estudiar», preguntó sin signos de interrogación. «Francamente, no sé», contestó Padrón.

Lo animó por Arquitectura. Lo convenció porque dijo que la arquitectura tiene algo de artístico. Así entró, y allí tomó clases de modelado de arcilla. Alguna intuición se le había desarrollado ya para estas cosas pues, durante el bachillerato, solía ir con amigos a las escalinatas de El Calvario y allí se ponía a dibujar; pero tampoco era que llevaba la vocación por dentro. En todo caso, en la Facultad le dio por hacer dibujos cargados de humor.

Otro antecedente: con su amigo Américo Faillace, en plena época perezjimenista, hizo un periodiquito de la Facultad y comenzó a publicar en la revista Elite. Inventó una página donde invitaba a los noveles. Luego surge El Gallo Pelón, una revista del dibujante Sancho, y comenzó Padrón a colaborar de manera regular. El tipo de humor que se hacía en ese momento no tenía nada que ver con la política. Por lo menos en El Gallo ni siquiera aludían a la situación que estaba viviendo el país pues la mayoría de los dibujantes consideraban el humor como una profesión que les reportaba dinero y nada más.

Surge Dominguito, llamado así porque era el seudónimo de Bracho Montiel. Abilio recordó que quienes comenzaron a  trabajar allí eran casi todos comunistas. Estaban los hermanos Nazoa, Zapata, Régulo, Otrova Gomas, Kotepa Delgado… En cambio, los otros, los de El Gallo Pelón, por encasillarlos así, pensaban que el humor era una cosa para ganarse la vida y ya.

Fulanita era una chica voluptuosa, tal vez exageradamente voluptuosa y, por decirlo de una manera elegante, un tanto ligera de cascos. Ocupaba la contraportada de El Gallo.

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Cuando sale Dominguito, Abilio Padrón se encontraba en Roma, varado: se había quedado sin dinero para regresar. Pedro León Zapata le pidió que mandara dibujos y él lo hizo, pero como no podía seguir la política criolla desde allá, enviaba cosas relacionadas con política internacional.

Empezó a pintar cuando comenzó en Arquitectura. Nunca siguió un estilo, nunca quiso marcas o corsés sino más bien siempre estuvo dispuesto a pintar lo que le diera la gana:

Allí estaban Pascual Navarro, Alejandro Otero, Maure… Crearon un círculo de estudio donde se enrolaron Rafael Martínez, Juvenal Ravelo, Pancho Salazar y él: trabajaron en el campo de lo cinético, expusieron juntos en París y en otros sitios. En Grenoble se hizo una gran exposición que se llamaba «Cinetismo, Espectáculo y Ambientación». Estaban Soto, Cruz-Diez, Rafael Martínez, Juvenal Ravelo y Abilio.

Luego lo expulsaron de Francia por su actividad política (o al menos así lo contó él); sin embargo, su suegra por aquel entonces, una señora inglesa que trabajaba en la Unesco, tenía a su vez una amiga que había estado involucrada en la resistencia francesa y trabajaba a la sazón en el Ministerio del Interior. La suegra no tenía ni idea de aquello en lo que andaba metido su yerno. Las policías estaban en conflicto, y eso lo favoreció; pero tenía que ir semanalmente a reportarse. No tenía para dónde irse. No podía regresar a Venezuela porque a lo mejor lo metían preso. Semana a semana estuvo yendo durante un año a reportarse. Luego le dieron permiso para quedarse por tres meses. En ese ínterin conoce a Siné, gran caricaturista. Siné Massacre y Harakiri eran mensuarios violentamente… [el adjetivo se perdió en la transcripción, no se escuchó: debe haber sido «radicales» o «izquierdistas»] Se juntan Siné y Wolinsky ―quien venía de la revista Hara-Kiri― coincidiendo con las revueltas de Mayo 68. Ellos dos más el editor Jean Jacques Pauvert; de ahí sale el periódico L’enragé (algo así como El Arrecho o El Rabioso) donde  colaboran varios caricaturistas más, además de los dos mencionados. Salen con un tiraje de cien mil ejemplares. Lo vendían los estudiantes. Siné era el contacto de Padrón con ese mundillo, con esa troupe, y fue quien le presentó tan temprano como aquel año, 1968, a Cabu y Wolinski, dos de quienes morirían en la masacre del 7 de enero de 2015, dentro de las instalaciones de la publicación Charlie Hebdo.

El Arrecho lo doblaban manualmente Los muchachos llevaban el periódico en una mano y en la otra un ladrillo, preparado para lanzárselo a la Policía. El Arrecho circuló durante catorce números. Es hijo de Siné Massacre, que lo había creado el propio Siné luego de dejar L’Express, uno de los más prestigiosos impresos de Francia hasta la fecha.

De modo que la experiencia iconoclasta de Monsieur Siné venía de mucho antes: la Wikipedia deja constancia de que el primer número de la revista satírica Siné Massacre, creada por el dibujante francés Maurice Sinet (conocido como Siné), salió el 20 de diciembre de 1962. Siné fue director, redactor en jefe y, en los primeros tiempos, el único colaborador.

De esa historia formó parte, aun tangencialmente, el venezolano que acaba de fallecer en Caracas, marzo de 2026.

Según Padrón, aquellos primeros números de El Arrecho fueron sencillamente extraordinarios. Siné comenzó a solicitar colaboraciones de afuera y los brasileros envían sus caricaturas. Había cierta presión por parte del poder. Siné está acostumbrado, seguramente ha pagado multas. Tiene abogados; pero un día alguien del poder (¿un agente tributario?) le pregunta sobre un colaborador en particular. ¿Y este, cuál es su domicilio? Se refería a Padrón. Siné queda primero sorprendido, luego se repone:

En efecto, había brasileros revoltosos enviando caricaturas a París; no era extraño, pues, que Siné echara mano de ellos, resguardados en el extranjero, para ocultar al desamparado Abilio. Hizo que envaran una carta haciéndose pasar por Abilio.

Se publicaron al menos nueve números importantes, pero luego hubo dificultades: la Policía tenía orden de recoger los ejemplares de la publicación. Luego de que finalmente cerrara, surgió el derivado Hara-Kiri (había aparecido por primero vez en 1960, mensualmente, de la mano de Georges Bernier y Cavanna y Fred Aristidès), Hara-Kiri Hebdo, esta vez de periodicidad semanal. También fue recogido. Entonces el grupete de Siné creó Charlie Hebdo. Se mantuvo, narró Padrón, mucho tiempo disparando con todo: demoliendo los supuestos valores eternos de Francia, metiéndose con la Iglesia, con el presidente, con las instituciones. Hasta que sucedió lo de enero 2015.

En esta entrevista bajo los toldos de la feria del libro de la Plaza Altamira, en 2015, también habló Padrón de cajas ópticas en la galería Dimaca, pero protestaba porque sencillamente no podía hacerlo todo; no podía hacer de carpintero, por ejemplo. Al mismo tiempo hacía libros para niños e inventaba trabalenguas. Contó que a veces lo solicitaban como profesor de dibujo.

Nunca terminó Arquitectura. Cuando estaba en la Escuela de Artes Plásticas se sintió mejor, se hallaba más en su vocación. Estando allí le propusieron dar clases. «Yo era exageradamente tímido. Historia del Arte me exigía encarar mucho a la gente. Escogí Dibujo Técnico porque allí le daba la cara más bien al pizarrón».

Estuvo en la Escuela Armando Reverón, desarrolló talleres en varias partes. Contó que ganaba sesenta bolívares por caricatura en Ultimas Noticias, y que a Zapata en El Nacional, mientras tanto, le pagaban cincuenta.

¿Alguna entidad en Caracas le habrá hecho un homenaje, con exposición y foros o conferencias sobre su trabajo de tantos años? Quizás no, porque en buena medida ha estado marcado por su inclinación chavista. Un artista vive en un mundo aparte, por lo general.