Tal día como hoy, hace 90 años

A los 90 años de su fusilamiento, Federico García Lorca está más vivo que nunca.

El 18 de agosto de 1936 fue asesinado el poeta Federico García Lorca en algún recoveco de Granada (no se han encontrado sus restos). Su amigo el poeta Luis Rosales lo acogió con gusto en su casa tras una llamada que le hizo Federico, que estaba literalmente ―pues se sabía en la mira de los alzados― muerto de miedo. La paradoja es que el mismo Luis era de la Falange, como sus tres hermanos mayores; por tanto, la casa familiar sería el lugar más seguro para esconderse. No fue así. En fin, Federico fue víctima del pleito local entre los falangistas y los líderes del CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas y allí estuvo bien mezclado Ideal, el diario falangista de la región

Sebastián de la Nuez

No fue de esta apacible casa campestre, llamada a ser lugar de peregrinaje para los seguidores del poeta en el futuro, de donde se llevaron a Federico García Lorca en agosto de 1936, recién inaugurada la Guerra Civil. Se lo llevaron de la casa de los Rosales, donde él se había refugiado sabiendo que la Huerta de San Vicente no era en absoluto un sitio seguro para él. La orden de aprehenderlo y fusilarlo fue de un fascista de Tordesillas (Valladolid) llamado Queipo de Llano.

El linotipista de un periódico granadino, Ideal, verdadera madriguera de fascistas, no hablaría sino hasta 1975, pero cuando lo hizo, aclaró muchas cosas. Lo pone así el periodista Gabriel Pozo en su documentado libro Lorca, el último paseo (Editorial Ultramarina, 2009):

José Valdés era un falangista que había sido aupado a gobernador civil de Granada tras el zarpazo del 20 de julio, dos días después de haber estallado la contienda. De los Ríos, el gobernador depuesto, estuvo casado con Gloria Ginerr de los Ríos García Lorca, sobrina de Francisco Giner de los Ríos. O sea, había un parectesco. Pero el vínculo real con la familia vendría mucho después de la muerte de Federico, cuando la hija del exgobernador civil se casó, en 1942, con el hermano menor del poeta, Francisco.

Los hermanos Rosales eran cinco. No todos pensaban igual; Luis, el poeta, le dio cobijo a García Lorca. Dice el periodista Pozo:

Luis admiraba a Federico que, aunque era doce años mayor que él, era amigo suyo desde 1930. Luis había publicado un comentario sobre el Romancero Gitano en la revista de José Bergamín, Cruz y Raya. Bergamín, por cierto, viviría en Venezuela después, hacia el año 49, un año o poco más, antes de marcharse a otro país latinoamericano; su hermano Rafael sí echó ciertas raíces en Caracas, durante veinte años, como exitoso arquitecto.

En fin, la historia de la captura de FGL se ha contado en una serie de TV y está en este libro de Pozo y en otros. En Granada todo el mundo se conocía, sobre todo entre los círculos del poder local ―político y mediático― y ciertas familias pudientes entre las cuales estaban los apellidos García Lorca y Rosales. Al parecer, una mucama que trabajaba en casa de los Rosales se fue de la lengua y allá lo fueron a buscar, a las cinco en punto o a la hora que haya sido. Inexorablemente. En aquellos primeros meses, bajo el mando del salvaje Valdés, el cementerio local contabilizó más de mil quinientos fusilados por los falangistas.

El lugar de la foto, tan verde de pinos y otras especies, tan apacible el cielo y toda su atmósfera, está en realidad en medio de la ciudad y, sin embargo, no abandona su aire rural; ocupa su historia, significa mucho: un hito terriblemente traumático para los españoles, también el valor del talento y la sensibilidad del predestinado; el donaire vitalista truncado de repente. García Lorca era la antítesis del fascismo, un enemigo de los que mueven multitudes sin levantar un arma.

La casa de la Huerta de San Vicente es mostrada por una guía, el lugar no deja de ser un sitio acomodado para las visitas, es decir, todo parece demasiado en su sitio, todo es muy señalado porque tiene una razón de ser cualquiera sea el objeto. No falta el pendón de La Barraca. Estropea un poco el efecto de “asistir a lo que pudo haber sido” o «evoca con realismo», en la planta alta, vel hecho de que dos habitaciones fueran reacondicionadas como salas expositivas. Rompen el encanto, que lo hay a pesar de todo. La casa tiene duende.